Tras 1 año como maestro de Programación: esto aprendí de la industria tecnológica

Un día de abril del año 2013 me llegó un mensaje de mi hermano avisándome sobre una vacante que estaba disponible para alguien con mis características: Graduado y con conocimiento de computación. La oportunidad era para ser maestro de Informática (o Computer Science I), estaba en puerta en la Prepa Tec, Campus Santa Catarina.

Me quedé pensativo al leer esta oferta, sin duda ser maestro era uno de mis anhelos en algún punto de la vida pero no en ese entonces a mis 24 años. Siempre tuve presente que ser maestro después de hacer un recorrido sólido por la industria tecnológica para tener experiencia fuerte de respaldo, no haría que me viera a mis 50 años ante los alumnos como un charlatán. No obstante algo me impulso a tomar la decisión, y visualice algunas posibilidades vagas de lo que podría obtener de esta experiencia temprana para mi gusto aún. No perdí nada mandando mi currículum al correo marcado. Me contactaron de vuelta para una entrevista, la llevamos a cabo, espere 1 mes casi, y enhorabuena se me hizo la oferta de trabajo.

Lo que implica ser profesor trabajando en la industria

La travesía empezaba, y puedo decir que estaba siendo algo ruda para mi vida en ese entonces. El semestre Ago - Dic 2013 a punto de comenzar, y para la última semana del mes de Julio aún no tenía idea de nada, no recibí capacitación, orientación, sólo una referencia de temas que los alumnos veían en los 2 cursos que tendría que impartir. Este semestre empezaría con la materia de Computer Science I, dando clase a una nueva generación en el campo de la computación. Muchos de estos alumnos son y seguirán siendo muy inteligentes no sólo por los puntos que obtuvieron en el examen al entrar a esta institución, sino por la calidad de esfuerzo que invertían en cada una de las actividades que solicitaba. El otro grupo era el que me preocupaba; con el título de Introducción al desarrollo de aplicaciones, el curso estaba pensado para ser enseñado con Visual Basic. Nunca miré el temario, lo deshice y opté en dar por primera vez en la preparatoria un curso de programación con Ruby.

En ese entonces comencé a formalizar la relación con mi entonces novia, mi prioridad siempre fue Icalia Labs (mi empresa) que era mi tiempo completo, y adicional a esas dos cosas tenía que contemplar estar al menos 6 horas a la semana en la preparatoria para las clases y preparar los cursos previo a llevarlas a cabo. Nunca supe donde podía comprar tiempo o producirlo, por lo tanto dormía poco. Los lunes, miércoles y viernes daba clases entre 7:30am y 9:30am, para que a las 10:00am estuviera en la oficina de Icalia Labs trabajando. Me levantaba con tiempo, 6:00am aproximadamente y desayunaba vagamente para que no me retrasara por el tráfico. Los días que daba clase la noche anterior descansaba, no tenía energías para hacer algo más, pero si tenía algún compromiso de negocio o personal tenía que afrontarlo. Los martes y jueves organizaba algunas cosas de las clases, y el fin de semana revisaba exámenes o generaba los exámenes. Era una rutina muy pesada y el tiempo que consideraba la institución era el que yo pasaba dentro del aula.

Por más radical que quería ser en ocasiones teniendo las sesiones con Hangouts de Google de manera remota el correo de inasistencia como profesor me llegaba. Era divertido y empecé con esta dinámica por algunos viajes que tuve fuera del país, todo por Icalia Labs, pero regresaba y procuraba compartir con los chavos las experiencias de allá afuera. Trataba de conquistarlos y enamorarlos de mi pasión más grande que sigue siendo la tecnología. Los trataba de involucrar cada vez más y más allá de lo que se imaginaban o contemplaron antes de empezar el curso. A partir de ahí mis objetivos fueron claros, no sólo entré por la experiencia, sino para transformar a personas en futuros hackers.

Proceso para desarrollar su curiosidad

En un mundo como el de hoy en día es inevitable que la sociedad viva excluyendo elementos tecnológicos. Son ya las historias de los geeks la referencia por excelencia para inspirar a los que vienen abajo. Así vivieron una plática de un gran amigo, Rogelio Guzmán, quien hoy trabaja en Twitter y que estudió previamente en el Tec de Monterrey. Términos fueron oídos como hacking, hackathon, becons, IoT y wearables. Al día siguiente de la charla, todos vueltos locos acordamos hacer un hackathon, y sería en ese momento el primero que se viviría ahí. Sabía que con esto podía ir cumpliendo este objetivo que me plantee al principio de dar las clases, más allá de pararme al frente y hablar, o "transferir el conocimiento"; había que ir más allá con cosas que no iban a leer en un libro, o que alguien más grande que yo definitivamente no sentiría con ellos por la diferencia de edad. Así empezaríamos con cosas que creía que agregarían valor en sus vidas.

El hackathon se hizo, y no tuve más opción que pensar la dinámica. Recuerdo unos problemas muy interesantes que nos encargaban algunos maestros en las primeras clases de computación. La dinámica era interesante porque un bot en línea revisaba con una serie de opciones de entrada, y la salida estaba determinada para que se supiera si estaba bien o mal el programa. No sé si excedí un poco con el nivel de dificultad en algunos, pero al menos si dejé a un gran grupo de los más de 30 estudiantes que asistieron con las ganas de resolver cada uno de los problemas sin ayuda. Invité a algunos amigos como mentores, varios de ellos trabajando ahora en Linkedin, Ooyala y Oracle, entre otras similares. Creo que mis amigos acabaron más emocionados al ver que nosotros a esa edad no teníamos este tipo de oportunidades. Lo más emotivo y que más me llevo al concluir este evento es la cara de muchos de ellos, pero sobre todo la corazonada que tuvieron unos cuantos: "Esto es lo mío, quiero vivir de la tecnología".

El siguiente semestre no pudo ser la excepción y el hackathon se volvió una actividad necesaria dentro de la materia. Incurrimos en una dinámica de workshops, charlas, y sumergir a los alumnos en nuevas tecnologías, haciéndoles ver que esto iba más allá del aula.

Viendo todas las ganas que desbordaban mis grupos, comencé a hacer unos experimentos para medir la efectividad en la clase y salir del formato típico de una clase (al menos como a mi me había tocado llevar) para poder hacer la clase algo que se distinguiera del resto.

Nuevas generaciones abiertos a experimentar

Uno de los primeros experimentos que ejecuté fue llevar a cabo la clase de manera remota vía Google Hangouts. Recuerdo que hubo distintas ocasiones donde tuve que salir de la ciudad, incluso salir del país lo cual me desconectaba por una semana de lo que pasaba en la localidad. De tener una dinámica en el aula con el pizarrón en frente, en estas situaciones a distancia daba las indicaciones de esperar el link único para accesar al Hangout. Esto lo hacían en equipos, y varias veces algunos alumnos me apoyaban a proyectar el video dentro del aula. Fue difícil y chistoso a la vez; la clase se daba desde un cuarto de hotel, un starbucks o un parque con tal de que existirá conexión a internet para que la clase sucediera. La dinámica funcionaba, dejando tareas y actividades, y aunque la conexión no era la más estable lográbamos llevar a cabo la dinámica, así que la trasladé a asesorías remotas. Igualmente, lo que más me demandaba tiempo seguía siendo mi empresa, pero buscaba tener pequeños bloques de tiempo para asesorar a los chavos remotamente, y Hangouts no pudo ser la excepción. El Screen Share era oro para apoyarlos, compartiendo código y dando retroalimentación en tiempo real.

Otro experimento interesante era la Gamificación de la clase, donde la misma tarea tenía diferentes ejercicios más difíciles, pero que al ser resueltos se obtenían puntos extra como reconocimiento al esfuerzo. Esta sección era llamada la Hacker edition, inspirada en algunos maestros del área en EUA. La respuesta era interesante, aunque poco se animaban a hacerlo. Un ejemplo de esto era resolver fibonacci de manera iterativa, pero la hacker edition pedía hacerlo de manera recursiva sin haber visto el tema en clase.

El último y más interesante. Igualmente por puntos extra invitaba a los alumnos a eventos fuera del aula. Algunos de ellos parte de la comunidad de emprendimiento tecnológico de la ciudad, otros que eran más técnicos, pero mi objetivo era que vivieran la experiencia. Uno de los primeros eventos a los que los invité fue a Intrapreneurship del grupo de Starup Builders, donde convoqué a Rafael Cárdenas y Luis Elizondo de Google y Tesla respectivamente a hablar sus experiencias. No obstante y a mi parecer de las actividades más sólidas y que me causo el impacto más fuerte fue la invitación que hice al Hackathon MTY. Un grupo de chavos que identifico perfectamente, quienes fueron los impulsores de la idea en la preparatoria, formaron un equipo de hackers jóvenes que se aparecieron al evento. En el hackathon eran el equipo más joven. A pesar de ello y su limitado conocimiento lograron construir una aplicación donde mucha de la tecnología la aprendieron en el momento. Fueron respetados por los demás equipos haciendo alusivo el término de la meritocracia que sucede en el mundo hacker.


Ciencias Computacionales a nivel nacional

Ha pasado un mes desde que dejé de dar clases, y tomé la decisión de canalizar mi energía y esfuerzo en Icalia Labs, sólo eso. No obstante me llevo una aprendizaje que valoro mucho y es por eso que se me hacía demasiado importante compartir. Y no hablo del conocimiento en la profesión de docente, o sobre cómo organizar un hackathon para preparatorianos; hablo de más información sobre la incierta industria tecnológica y uno de los rincones que, al menos en México, no está siendo observado y considerado.

Puedo comentar que el verdadero filtro para la generación de los futuros hackers y tecnólogos no sucede en preparatoria unas semanas antes a entrar a carrera, sucede en una etapa más temprana -- secundaria, primaria. Esto lo pude dialogar con un buen amigo y maestro del campo, comentando que en Preparatoria los alumnos tienen ya un camino de alguna manera forjado y visualizado de qué es lo que quieren; muchos de los alumnos que estudian carreras técnicas tienen un trasfondo interesante de saberse, donde hubo algún acercamiento con videojuegos, padres que estudiaron lo mismo, o una serie de factores que atrae hacia la tecnología.

Por otro lado, el género femenino aún se siente excluido de esta industria, y hay patrones muy marcados en la convivencia hombre-mujer dentro del mundo tecnológico. No obstante, puedo comentar que un caso que me toco evidenciar fue el de una alumna que desde el primer semestre de la clase de programación, las habilidades y conocimiento que mostraba era un nivel más elevado que el del resto del grupo. Con la idea de estudiar un minor en Diseño y un major en Computer Science, quise analizar más esta situación. Lo que provocó que tuviera esas habilidades extraordinarias y la motivación de estudiar Computer Science, fue que dentro de su primaria recibió clases de Scratch. Hay muchas herramientas disponibles que se tienen que aprovechar, pero jamás decirles que lo que están haciendo es programación. De niño recuerdo mucho un vínculo fuerte con los videojuegos, cada una de esas cajas que cobraban vida al momento de encenderlos y que con la diversión virtual se desbordaba una intriga por entender cómo es que todo eso funcionaba y cómo podía construir algo igual de entretenido. Jamás de niño supe que provenía de la programación, pero si sabía que se trataba de algo interesante.

Con todo esto, no me queda más que decir que es el momento de que suceda un cambio, pero un cambio radical, inesperado y que impacte en muchos. Es el momento de que dejemos las clases de "Informática", y pasemos a clases de Ciencias Computacionales dentro de las aulas de las escuelas primarias/secundarias públicas y privadas. Vivimos en una sociedad donde separar la tecnología de nuestras vidas es absurdo, inevitable. La responsabilidad de las nuevas generaciones de al menos entender cómo opera el mundo físico con los agregadores tecnológicos es una necesidad latente. Las posibilidades en un futuro para estas generaciones que vienen abajo son ilimitadas, el crecimiento de dispositivos conectados y demandando disciplinas que entiendan los elementos básicos de la función de la tecnología es imperativa. Los datos hablan por su propia cuenta, y al menos en Estados Unidos se estima que en el 2020 habrá 1.4 millones de empleos generados relacionados con computación cuando sólo existirán 400,000 estudiantes y graduados en las carreras que darán estas competencias algo completamente predecible con la entrada de los carros inteligentes y la tecnología vestible.

Con esta propuesta no quiero decir que resolveremos la falta de gente técnica en la industria, pero podremos sensibilizar más almas en una edad donde es crucial y necesario hacerlo. Estas generaciones están preparadas para consumir todo los que les demos, pero creo que esto se irá forjando desde que están pequeños, comprometiéndolos de manera implícita y nosotros responsabilizados de manera previa. Tomemos de ejemplo el caso de Inglaterra donde no dejan de programar hasta los 16 años, Estonia donde ya se hace desde que los niños tienen 6 años y cursan primaria, o en Estados Unidos con la organización code.org impulsando cada vez más fuerte la implementación de un plan de este tipo a nivel nación.

Conclusión

  • Nuevas generaciones o Millenials están listos para absorber todo, hay que aprovecharlo.
  • Un medio para hacer que la gente incursione más fuerte en carreras de tecnología se puede dar desde la etapa de la niñez de las personas.
  • Necesitamos planes tecnológicos dentro de las escuelas públicas y privadas, un plan donde sumemos a la nación entera.
  • Grandes empresas irán siendo desplazadas sino se actualizan y entienden lo que demandan los perfiles creativos y las dinámicas de las nuevas generaciones. Necesitamos empresas frescas, renovadas y abiertas al cambio que inspiren a las generaciones jóvenes a incursionar en una industria que sea lo suficientemente sexy.

Convoco a todos aquellos ingenieros, tecnólogos, entusiastas, académicos y ciudadanos que les importe un futuro más sólido para una nación que lo merece a que trabajemos un plan que pueda ser presentado en las Cámaras u organizaciones con el peso correspondiente para que ejecutemos un plan de esta índole. Soy ignorante ante la situación, pero me interesa demasiado poder trabajar algo así de la manera más formal y ágil posible.

Para cerrar, aquí les comparto una presentación que di recientemente de por qué el camino profesional de la construcción de software sigue siendo la más jugosa y atractiva.