Vacaciones y aislamiento como una inversión

Hace 1 semana tuve mis primeras vacaciones planeadas y en forma después de 3 años de trabajo. No había tomado los típicos días de navidad o año nuevo, semana santa o algún puente. Cada día que yo trabajaba sabiendo que otras personas estaban descansando me sentía fuerte, y tenía la percepción de que avanzaba con mi empresa y con lo que buscaba. Tal vez lo único que empecé a planear un poco para tomar algo de energías eran viajes de fin de semana; algunas escapadas a ciudades aledañas para poder conocer y mantener la curiosidad activa, algo que es muy importante en el medio tecnológico.

No obstante, esos momentos de fin de semana fuera la ciudad no me hacían desconectarme, y seguía sumergido y al tanto de cualquier situación relacionada con el trabajo en general.

Justo a inicios de este año en una plática con mi socio, entre él y yo concordamos que era necesario e importante tomar un espacio de vacaciones donde formalmente nos desconectáramos de lo que estábamos haciendo. Esta decisión fue tomada con el objetivo de recargar energía de manera individual, pero también poner a prueba la operación del negocio y sentido de responsabilidad del equipo ante los compromisos de cada uno sin una supervisión total de los socios. Inmediatamente al platicar de esto, aproveché una oportunidad atractiva para un vuelo hacia uno de los lugares que siempre había querido conocer: Chiapas, México.

El vuelo estaba comprado, y a mediación de año iría a un lugar mágico, donde no sabía por donde iría o qué haría, sólo sabía que me desconectaría de la tecnología, de las conversaciones y círculos típicos, y buscaría retomar la mayor cantidad de energía posible para seguir adelante con todo el trabajo que teníamos y me emocionaba para este año.

Después de haber vivido este periodo de tan sólo 10 días completamente sólo, consideraba importante compartir las grandes ventajas de una dinámica de este tipo que más allá de vacaciones fue un completo aislamiento donde el retorno de inversión lo he visto desde el día en que me volví a incorporar a mis actividades típicas.

Realizar actividades diferentes

La planeación de este viaje fue prácticamente de 4 horas dentro de 1 semana. Por más que quise dedicarle a una planeación exhaustiva, fue técnicamente imposible por compromisos que tenía. Afortunadamente un cliente que se ha convertido en mi amigo, es de Chiapas y me recomendó muy buenos lugares para conocer. Con esta información de respaldo y un poco de investigación en Internet junto al libro de Lonely Planet estaba listo.

Dentro de mi plan estaba una de las cosas que quería hacer estando en Chiapas desde siempre: ir a la Selva Lacandona. Lo conseguí, y cuando me preguntan que fue lo mejor del viaje, prácticamente fue estar ahí. Un entorno que jamás podría conseguir tener ni tantito cerca en Monterrey. La naturaleza misma y la forma en que vive de ese lado es algo mágico y rehabilitante. Tuve oportunidad de estar 4 días en los lugares más adentrados que se permitían en la selva, unas cabañas en el municipio de Ocosingo y un lugar llamado las Guacamayas.

A pesar de tener gran parte del plan bien asegurado, existieron situaciones que se presentaron y que cambiaron el rumbo o que fueron agregándose a la aventura. El simple hecho de haber platicado con algunas personas en el municipio de Palenque, Chiapas, me dio oportunidad de alojarme en otro espacio al que tenía contemplado dentro de la selva. Otro elemento interesante es que los traslados fueron improvisados en pequeñas camionetas llamadas colectivos, donde prácticamente tocó vivir la experiencia local y conocer a gente muy noble, como es la cultura por allá. Este tipo de eventos permitió darle más vida al viaje, y exijió que saliera de una zona de comfort para ver más.

Momentos para sólo pensar

Jamás había tenido tanto tiempo sólo para pensar. Como mencioné al principio, este viaje lo contemplé sólo. No me arrepiento en lo más mínimo.

Aunque logré conocer a gente muy interesante con quienes me la pasé excelente en algunos momentos, la gran parte del tiempo la pasé sólo, pensando, hablando conmigo mismo. Mi objetivo principal era analizar cosas que no había tenido tiempo de analizar a nivel tan profundo. Simplemente problemas que he visto a mi alrededor o en otros, y cuestionar como resolverlos. Analizar la industria en la que estoy o en las que me gustaría impactar, y qué estoy haciendo para lograr ese impacto. Pensar en mis seres queridos y cercanos, y la forma en que quiero que me perciban para mantener una relación sana y a largo plazo. Esto es algo que no pude haber logrado llegando a mi departamento después de trabajar o en un café de fin de semana; esto requería aislarme.

Tanto momento sólo me hizo analizar la cultura Maya. De manera personal la cultura es algo de mi interés no sólo en términos sociales, sino también en términos de una organización como lo es una empresa. En el pasado desarrollé una publicación sobre por qué en mi empresa tenemos Retiros y el impacto de ello con un viaje que hicimos a Real de Catorce.

En esta ocasión algo que traté de decifrar es la relación entre la Naturaleza con los Mayas, y la razón de ser de todos sus rituales en esa zona geográfica del planeta. Definitivamente no tengo una respuesta, pero si me di a la tarea de pensar, apreciar y respetar todo lo que ellos habían hecho durante años, y que hoy en día algunas de las costumbres o elementos siguen como un legado. Entrar a la selva me permitió darme cuenta de ese respeto de la cultura hacia la naturaleza, una naturaleza que está trabajando y que produce un ruido completamente natural, valga la redundancia. Cuando he estado en la ciudad donde trabajo o en cualquier urbe típica, el ruido que se produce es un ruido anti-natural, producido por carros, estrés, la misma gente. En cambio, en la selva el ruido es producido por la flora y la fauna. Es un ruido donde sabes que la naturaleza está trabajando, como en una urbe se da otro tipo de trabajo.

Renovación de uno mismo

Durante esta semana recién llegado, al menos 4 personas con las que convivo continuamente han detectado algo que identifican como la vibra que puedo transmitirles después de haber tomado vacaciones. Una vibra que no sólo siento que me beneficia a mi, sino a la gente alrededor mío. El objetivo ha sido que sea una cadena que beneficie a todos los allegados a mi círculo y a mis proyectos también.

Puedo decir que he pasado por una limpieza interna, donde todo lo negativo que tenía atrapado ha sido liberado. Todo esto ha sido gracias a la simple desconección y aislamiento. La toma de decisiones he podido hacerla esta primer semana de manera más serena y concisa. La forma en que hablo con la gente es de manera más detallada y receptiva, además de sentir que puedo comunicar las cosas de manera tranquila y pensativa.

Soy el mismo, pero renovado.

Apreciación de la vida desde otra perspectiva

Durante mi viaje, tuve la oportunidad de hablar al menos con 4 personas extranjeras y ajenas a la situación vivida en la región de Chiapas. Personas provenientes de otros contextos, con otras oportunidades y con otro estilo de vida. Lo increíble es que en algún punto de nuestras conversaciones se mencionaba lo sorprendidos que estaban viendo la situación en la que vivía la gente: pocos recursos, cero lujos y una lucha continua por poder vivir. No obstante, algo que el dinero no podía comprar era evidente ante sus ojos: la felicidad de la gente. Uno de estos extranjeros era nativo de Las Vegas, NV. Durante 24 días había estado en México, y su primer decisión llegando de nuevo a su ciudad ya había sido tomada. Tenía contemplado vender su carro y mudarse del espacio donde vivía a un espacio más pequeño. Su apuesta era a vivir con menos y a tratar de ser más feliz. Inspirado por la situación que vivían muchas de las personas en Chiapas, le hizo pensar en desprenderse de los lujos que tenía, los cuales no eran indispensables para vivir felizmente.

No muy diferente mi situación, me sentí de alguna manera identificado. A pesar de ser del mismo país, el estar en una ciudad completamente urbanizada, y muy cercana a EUA, la situación es completamente otra. Sumergido en el día a día, y con la oportunidad que la vida me ha dado de ser parte de una familia y una ciudad que me ha preparado para todo, la responsabilidad que eso conlleva ante los que no tienen los mismos recursos me compromete. Hay tantos problemas aún por resolver, tantas formas de ayudar a muchas personas en vida antes de pensar en un futuro muy lejando donde aún no sabemos el beneficio certero de esa apuesta. De alguna manera lo que todos buscamos es ser felices y estables en este trayecto por la vida; es justo que todos tengamos acceso a ello. Este viaje me permitió desarrollar más empatía y poderme poner en los zapatos de los otros, con la motivación de poder resolver problemáticas de hoy.

Valorar el pasado, presente y futuro

Detener los hábitos, rituales y rutinas un momento incentiva a realizar un análisis profundo sobre la vida misma. Sumergidos en las actividades típicas no es común que podamos pensar tanto sobre lo que hemos hecho y lo que falta que hagamos de nuestra vida.

Hay que valorar el pasado y todo a lo que hemos tenido acceso para lograr lo que hemos hecho. Si sabes inglés, si tuviste acceso a educación universitaria, si tienes que comer 3 veces al día, es digno de valorarse, agradecer y tomar como motivación por las cosas que se nos han otorgado.

Hay que entender nuestro presente y la forma en que competimos, crecemos y nos planteamos nuestras metas a alcanzar.

Con lo anterior dicho, hay que exigirnos de nosotros mismos cosas más grandes con miras al futuro. Es muy fácil recaer en una zona de comfort, y creer que por adquirir más tranquilidad y estabilidad hemos cruzado la barrera más grande. La realidad es que no hay límites ni fronteras para seguir impactando. Preguntas como ¿cuál es el siguiente gran reto que busco como profesionista?, ¿qué me hará ser mejor y ayudar a más gente? o ¿qué estoy haciendo para construir el futuro que deseamos? son de las cosas que valen la penar responder continuamente y no recaer en esos estancamientos.


De alguna manera en un viaje, el destino o destinos a visistar serán clave para vivir estas situaciones. Sin embargo, cual sea el lugar, la actitud que más ayudará para sacar provecho de esa experiencia es la del Viajero. Tener la actitud de Viajero permite tener la mente abierta, ser curioso del contexto y a su vez, siempre ser respetuoso de la cultura que uno explora. Todo esto sensibiliza a uno mismo para detonar esta cadena de pensamientos. Por el otro lado, el pasar como un Turista hace las cosas más fáciles en la visita a cualqueir destino, y se traduce simplemente en viajar a un punto de manera cómoda sin motivación de por medio para entender todo lo que hay alrededor.

Como un buen amigo me dijo, "los viajes de fin de semana te dan un respiro, pero los viajes largos es como volver a nacer". Después de esta experiencia, sin duda se volverá algo que haré al menos 1 vez por año, sabiendo el impacto tan positivo que debe atraer para mi, mi gente, y mis proyectos. Y, sin dudas, es algo que recomendaré a quien sea.